XXII Edición
Curso 2025 - 2026
¿Qué quieres ser
de mayor?
María Eugenia Garde, 16 años
Colegio Monaita (Granada)
Cuando la maestra hace un gesto con la mano, el murmullo de los pequeños cesa obedientemente y todos los rostros se vuelven hacia ella con expectación.
—Vale, chicos —anuncia con una sonrisa tranquila—, hoy vamos a hablar de las profesiones. Por turno, decidme qué queréis ser cuando os hagáis mayores.
La reacción es inmediata: las manos se alzan al aire. «Yo quiero ser enfermero, como mi mamá», anuncia un niño de rizos dorados. «¡Yo, futbolista!», exclama una chica que se imagina a sí misma corre que te corre por el campo de hierba de un estadio abarrotado. «Pues yo, probadora de helados», añade una cuarta, brincando en la silla, encendida de ilusión. La clase estalla en ruidosas carcajadas, pero nadie duda de la sinceridad de su sueño.
Unos años más tarde la escena se repite, aunque de forma muy distinta. El cuchicheo de los jóvenes tarda algo más en apagarse ante la paciente mirada del profesor. La cuestión que este les ha propuesto es la misma, aunque esta vez no ha sido recibida con brazos alzados con entusiasmo. De hecho, un silencio sepulcral se ha ido extendiendo por el aula.
–¿Nadie quiere decírnoslo? –insiste.
Una única mano se eleva sobre las cabezas. La respuesta tiene el sonido de la duda más que de una vocación:
–En mi caso, algo relacionado con las Matemáticas –se expresa un adolescente.
El contraste entre los escolares de uno y otro curso refleja el cambio radical que conlleva el despertar a la edad adulta. Por eso, esta sencilla narración me ayuda a considerar que, a medida que crecemos y dejamos atrás la sencillez de los niños, el «¿Qué te gustaría ser de mayor?» deja de significar «¿A quién admiras?», para aceptar el peso de interrogantes profundos como «¿A qué quiero dedicar mi vida? ¿Quién soy y quién quisiera llegar a ser?».
A mis dieciséis años, formo parte del grupo de alumnos que guardan mutismo ante la cuestión planteada. Hace un tiempo la hubiera respondido con espontaneidad, pero ahora se me antoja una incógnita. Será porque estoy descubriendo la complejidad de la vida, qué virtudes humanas quisiera que me definieran y qué profesión podría hacerme feliz. A mi edad avanzamos a tientas, tratando de buscar el lugar que nos corresponde en estos tiempos tan veloces.
Los adolescentes nos encontramos en una etapa tan hermosa como compleja, pues nos corresponde tomar decisiones. Elegir hacia dónde vamos a orientar nuestros estudios no es una cuestión menor, pues debería nacer del autoconocimiento, habilidad que apenas estamos comenzando a construir. Por eso, la respuesta sigue lejos de mi alcance. Confío, con sincero alivio, que el tiempo me irá brindando las herramientas para hallarla. Por ahora carezco de la madurez, la experiencia y las habilidades necesarias para responder con certeza a la pregunta de “¿Qué quieres ser de mayor?”.