XXII Edición

Curso 2025 - 2026

Francisco Javier García Garrido-Lestache

Por un as de picas

Francisco Javier García Garrido-Lestache, 16 años

Colegio El Prado (Madrid)

Dos hombres caminaban con paso apresurado a través de una fina cortina de agua, en un vano intento de no mojarse demasiado. Uno era alto y rubio, y se llamaba Marcos; el otro era más bajo y grueso, y su nombre era Carlos.

Terminaron su carrera en las puertas de un restaurante que despedía un apetitoso olor a comida. Cuando entraron, sonó una campanilla y fueron calurosamente recibidos por un amable camarero que los condujo a una mesa, después, les entregó la carta. Una vez los dejó solos, empezaron a conversar animadamente:

–¿Cuál es el truco que más te ha gustado de los que te hice en mi casa? –quiso saber Marcos.

Carlos le respondió con aire malicioso:

–El que te enseñé yo, evidentemente –. Después de reírse a carcajadas, añadió: – En realidad, no sabría cuál elegir; todos son muy buenos.

Carlos, tan observador, aprovechó la espera para practicar la actividad que más le gustaba después de la magia: leer a las personas. Se fijó en la pareja que tenían al lado: él hablaba mucho y con aires de suficiencia, mientras ella le escuchaba con interés. De repente, el hombre se fijó en él y le dedicó una mirada hosca que le hizo desviar la suya en un instante.

Después de unos momentos, Carlos le inquirió a Marcos en tono confidente:

–Bueno, ¿y qué es eso tan importante que querías enseñarme?

Marcos sonrió con un brillo de emoción en los ojos:

–¡Un principio mágico asombroso!

Extrajo con agilidad una caja de papel desgastada del bolsillo y se aprestó a sacar unos naipes de ella. Comenzó a explicárselo cuando, en un momento dado, el hombre de la mesa de al lado se levantó y se acercó a los dos amigos.

–Sois magos, ¿verdad? –apoyó sus manos en el mantel e interrumpió su coloquio de forma grosera–. Lo he adivinado por esa baraja.

–¡Qué perspicaz!… –fue la mordaz respuesta de Marcos.

–¡No te atrevas a hablarme así! –se puso violento–. He venido para deciros que detesto a los magos; sois gente que se divierte estafando a los demás.

En el restaurante se instauró un silencio sepulcral. El camarero se acercó a aquel comensal maleducado y le suplicó, con voz firme pero tranquila, que no armara escándalo.

–Me apuesto lo que quieras a que el dueño de este restaurante estaría encantado de echarte a la calle –dijo Carlos a aquel tipo–. Sin embargo, quiero proponerte un trato: te haré un juego, y si lo adivinas pagaré vuestra cena. Si fracasas, en cambio, serás tú quien pague la nuestra.

No quiso aceptar, porque se exponía a hacer el ridículo si fracasaba, pero descubrió que la chica le miraba con desaprobación. Entonces comprendió que había más en juego que una cena.

–Acepto.

Carlos susurró a Marcos:

–Haz lo que me has enseñado y cenaremos gratis.

Marcos comenzó a hablar:

–Para este juego usaremos una baraja de póker, pero antes quiero que una mano inocente compruebe que está todo en su sitio.

Fue la chica quien la revisó y dio su visto bueno. Marcos continuó:

–Bien, podemos comenzar. Toma una carta, la que más te llame la atención y mírala.

–Pero sin trucos –declaró el tipejo.

El mago asintió con la cabeza y le ofreció la baraja en abanico.

–Una vez la hayas escogido, enséñasela a los comensales y guárdatela en el bolsillo.

Marcos hizo lo mismo y enseñó también su carta –era el joker– y la puso sobre la mesa. A cada paso, obligaba a aquel hombre a que dijera cuál era su carta.

–As de picas –respondía una y otra vez, arrugando la frente.

Al cabo de un rato, Marcos esbozó una amplia sonrisa y elevó la voz al tiempo que meneaba la cabeza:

–Quien hubiera dicho que sería por un as de picas…

–¿A qué te refieres? –inquirió su vecino de mesa.

–Porque por un as de picas… ¡nos debes una cena!

Tomó la carta de la mesa: era el as de picas. El ceño del hombre se frunció al instante.

–Conque sí… –sonrió con malicia.

Pero al sacar el naipe que llevaba en el bolsillo, descubrió que era… el joker.

–Encantado de hacer negocios contigo –concluyó Marcos con una sonrisa.