XXII Edición
Curso 2025 - 2026
Llamada a enseñar
Celia Rodríguez Quilis, 17 años
Colegio Altozano (Alicante)
Parece que fue hace dos días cuando dejé de ser una niña y entré en la última etapa del colegio, Bachillerato, una etapa decisiva en la que todo parece girar en torno a la presión académica y al futuro. Cuando comencé esta etapa no tenía claro qué quería estudiar en la universidad; me venían a la mente esas carreras que pueden ser un comodín, como Psicología, Derecho o ADE.
Mi madre, la persona que mejor me conoce, opinaba que esas opciones no terminaban de encajar con mi personalidad y mis habilidades, ya que había apreciado en mí una conexión especial que establezco con los niños. Yo se lo negaba, pues consideraba que esa vinculación con la infancia no me asegura la posición económica que me gustaría tener. Sin embargo, el pasado verano cuidé a una niña y me di cuenta de que mi madre había sido capaz de ver aquello que yo todavía no tenía claro.
La vocación es una inclinación profunda hacia aquello que nos realiza y deseamos hacer. Todos tenemos una vocación a la que estamos llamados y a la que dedicaremos buena parte de nuestra vida. Es una apuesta por aquello que nos apasiona, aunque nos exija que dejemos de lado otras posibilidades que parecen asegurarnos un futuro tranquilo. Por eso, ahora que he descubierto cuál es mi destino formativo y laboral, no quiero dedicar mi tiempo y esfuerzo a otra disciplina que no sea la educación infantil.
Magisterio puede parecer una carrera sencilla, y es cierto que algunas personas la estudian precisamente por esa razón. Sin embargo, la educación de niños y adolescentes, así como todas las profesiones que implican servir a los demás, requiere dedicación y pasión.
Cuando hablo de enseñar, no solo me refiero a transmitir conocimientos para que los alumnos aprueben una asignatura, sino acompañarlos en el aprendizaje, al tiempo que reciben nuestra ayuda mientras los guiamos en su desarrollo. Estudiar Magisterio y ejercer como docente es mi sueño y aspiración. Me gustaría ser una profesora que deje una huella positiva en cada alumno, que sea recordada por convertir la enseñanza algo maravilloso.
