XXII Edición
Curso 2025 - 2026
Las piedras
Marta Núñez Navarro, 14 años
Colegio Canigó (Barcelona)
Al final de la jornada escolar, un profesor entregó una piedra a tres de sus mejores alumnos. Tenían que examinarlas para tratar de ponerle el nombre correcto.
Cada uno tomó su propio camino de vuelta a casa con el reto en la mente. Les inquietaba no saber de qué piedra podía tratarse. Del mismo modo, se preguntaban por qué su profesor los había elegido a ellos.
El primero de los alumnos se sentó ante su escritorio, abrió la mochila y colocó cuidadosamente la piedra ante sí. Tras examinarla durante un rato, tuvo que levantarse para acudir a un entrenamiento de fútbol al que dedicó dos horas. Cuando volvió a casa, al ver que se le había hecho tarde, decidió quedarse con su primera intuición. Esa fue la respuesta que envió al profesor.
El segundo se encontró con sus hermanos pequeños, que le preguntaron por el contenido de la caja en la que traía la piedra. Les respondió que se trataba de un material con el que tenía que hacer los deberes. Al oírle, uno de ellos recordó que no había podido completar los suyos porque no había entendido el enunciado, y le pidió que le ayudara. Una vez cumplió aquel servicio, intentó descifrar la piedra de la caja. La miró desde todos los ángulos, midió su superficie y el volumen que ocupaba, y sacó sus conclusiones.
El tercero saludó a su madre nada más entrar por la puerta. Tras charlar un rato, decidió resolver la incógnita. Analizó la piedra con el máximo detalle posible. Después tomó un martillo y la partió por la mitad. De esta forma conoció su interior, llevándose una sorpresa al descubrir que se trataba de una preciosa geoda.
Al día siguiente le presentaron sus conclusiones al profesor. Todos habían aprendido una gran lección: el primero de ellos se dio cuenta de que se había conformado con mirarla, mientras los otros dos, que habían obtenido mejores resultados, lograron examinarlas con detalle. Sin embargo, el segundo de los alumnos, que creía haber hecho todo lo posible por resolver el enigma, aceptó que no había sido capaz de alcanzar el fondo de la cuestión. Solo el último de ellos había aprendido que vale la pena buscar en el interior de las cosas, pues de esa manera fue el único que acertó con el nombre del mineral.
El profesor los miró despacio y habló:
–Cuando alguien se presenta en nuestra vida, queremos saber quién es, aunque no todos utilicemos el mismo método para descubrirlo. Muchas veces nos conformamos con una primera impresión. Otras, aunque pensemos que hacemos todo lo posible por conocerla, no pasamos de una impresión superficial. La diferencia es notable cuando nos esforzamos por descubrir el interior de la persona, pues es allí donde nos llevamos una agradable sorpresa al descubrir que su corazón puede tener tanta belleza como la geoda.