XXII Edición

Curso 2025 - 2026

Gema Aparicio

La soledad de los mayores

Gema Aparicio, 17 años

Colegio Altozano (Alicante)

La prensa japonesa habla de kodokushi para referirse a las personas mayores que mueren en casa sin que nadie (ni familiares, ni amigos ni vecinos) se dé cuenta de su ausencia. A veces pasan semanas, meses, incluso años hasta que alguien descubre sus restos sin vida. Muchos de ellos fueron padres y abuelos, pero hacía años que no despertaban ningún interés entre los suyos, quienes terminaron por desdibujarlos en la niebla del olvido.

Al pensar en mis abuelos, me sobrecoge un profundo sentimiento. De alguna manera, me alegro de que no formemos parte de esa parte de la sociedad nipona. Al contrario, me siento muy feliz de haber nacido en España, pues es un país en el que la familia es la institución mejor valorada por la sociedad, y los abuelos, sin duda, las figuras más entrañables de dicha institución.

Me considero afortunada por haber crecido junto a ellos. Con los años, los ojos de aquella niña se han transformado en los de una adolescente, y donde antes veía lozanía, el tiempo ha dibujado surcos de sabiduría en la piel de mis abuelos. El paso firme y seguro se les ha vuelto más lento, y sus almas serenas permanecen abrazadas a la fe que siempre los acompaña. Ellos me reciben con la misma alegría de siempre, que se refleja en su expresión cuando los abrazo y les cuento mis historias, incluso anécdotas insignificantes que ellos escuchan con atención, la misma que yo ponía cuando, de niña, me sentaba en su regazo y escuchaba sus relatos de juventud.

Tal vez por eso me entristecen tanto las noticias que revelan que una persona mayor ha fallecido sola, invisible para todos. Me pregunto qué hemos hecho mal para que esto ocurra. Vivimos en una sociedad capaz de crear medios para que los seres humanos estemos unidos a pesar de la distancia, pero a la vez muchas personas están cada vez más aisladas. Las ciudades aumentan su población, pero los vínculos entre sus vecinos son cada vez más débiles.

Por mi edad, formo parte de la llamada "Generación Z". Si tuviera que denominar a la de mis abuelos, que nacieron durante la guerra civil y la posguerra, la llamaría la Generación de Oro. Han sufrido y han luchado por los derechos y libertades que disfrutamos actualmente, han sentado las bases de la convivencia y han cuidado de sus hijos y, en estos momentos, de sus nietos.

Me resisto a que la vida de estas personas termine rodeada de silencio. La prisa del día a día no nos puede robar tiempo para lo esencial: escuchar las necesidades de aquellos que, por su edad, son fuente de experiencia y sabiduría; acompañar a quien camina solo por la calle; atender al que vive solo en nuestro edificio. A veces solo necesitan que estemos a su lado, que nos hagamos presentes.

El valor de una sociedad se mide por el respeto y la atención que brinda a sus mayores.