XXII Edición

Curso 2025-2026

Miguel Navarro

La coplera del hortelano

Miguel Navarro, 17 años

Colegio Tabladilla (Sevilla)

María Luisa le dio una calada al cigarro que sujetaba entre los dedos. El humo se retorció frente a su rostro.

–Como te iba diciendo, no sé qué se ha creído la nueva. ¡Vamos, ni que vaya a levantar la copla en España! Eso era antes, Lucía. Antes sí que brillaba la copla: Rocío Jurado, Marifé de Triana… y Juanita Reina. Ella sí que era poderío… ¡Qué porte! ¡Qué mujer!

–¿Y Lola Flores?

María Luisa cerró los ojos.

–La duda ofende… Otra de las grandes, Lucía. Aquello sí que era el reinado de la copla, no lo que defiende la tonta esa… ¿Cómo se llama?

Lucía revisó unos papeles.

–Eugenia

–Pues eso. Eugenia piensa que va a resucitar el género… ¡Ilusa! Una creída, eso es lo que es. Además –apagó el cigarro –, ¿no participó en un concurso de copla en los 2000?

–Digo, doña María Luisa. Y además lo ganó. Y no vaya a pensarse que por muy poco, ¡qué va! En la final, la votó más del ochenta por ciento de la audiencia. Por eso, a lo mejor hemos dejado pasar una buena oportunidad.

María Luisa soltó un bufido y encendió otro cigarro.

–Ese concurso lo gana cualquiera, Lucía. Tu hazme caso, que esos no tienen ni idea. A la primera que se sabe la letra de “María de la O” y la interpreta medio qué, le dan un primero.

–Pero un ochenta por ciento de la audiencia no te da el voto por nada, doña María Luisa.

–Y tú sigue erre que erre… ¿Necesitas que te lo explique, bonita? Si el jurado no tiene ni idea, la audiencia menos. Vamos, que no hace falta tener mucho criterio para emitir un voto. Por eso, yo, María Luisa Villasierra, productora musical, he hecho lo correcto al echarla de mi estudio. ¡Solo iba a traernos pérdidas!

Se hizo un silencio que duró hasta que se terminó el cigarro. Entonces Lucía preguntó:

–¿Usted llegó a participar en aquel concurso de coplas?

–¿Yo?... –María Luisa soltó una risita–. Nada tengo que ver con ese antro de incultos de la copla. ¿Por qué lo dices?

–Por nada.

Doce años después de aquella conversación, Lucía corrió al despacho de doña María Luisa para darle a conocer una noticia. El estudio de la productora apenas había cambiado desde entonces, y tampoco su propietaria.

–¿Se ha enterado, doña María Luisa?

– ¿Qué ha pasado?

–¿Se acuerda de Eugenia, la folclórica que estuvo aquí hace unos años?

–¡Uf! Ni me la mentes –apuró el cigarro. Aquello le interesaba–. ¿Qué ha pasado con esa?

–¿Que qué le ha pasado?... Ha fallecido esta mañana por una enfermedad letal. Una semana y media ha durado la pobre. Después de la entrevista que mantuvo con usted, encontró a otro productor que la llevó por los mejores escenarios de España y triunfó. No me mire así, ¿no ha visto las noticias? Llenó los estadios con las coplas de siempre. De verdad que nunca me habría imaginado a tanta gente joven tarareando “Ojos verdes” o “La bien pagá”. Hasta hizo una gira por México, Perú, Argentina, Chile…

–¡Basta, Lucía! Todo eso, ¿qué tiene que ver conmigo?

–No me ha dejado terminar, doña María Luisa. A Eugenia la reclamaban en todos los escenarios, como a las buenas copleras: Marifé de Triana, Rocío Jurado…Pues en este contexto, va y fallece de forma inesperada. ¿Sabe en qué va a traducirse el suceso?... Se ha ido como una leyenda y ya han comenzado a organizarle homenajes póstumos. Y pensar que usted la despreció como si fuese… –no encontraba la palabra–... basura. Eso es, basura. ¿De verdad que no vio su potencial?

María Luisa permanecía con el rostro impasible. Los recuerdos iban y venían por su mente. A diferencia de lo que afirmó, sí que había participado en el concurso de coplas del que fue ganadora Eugenia. Siendo sinceros, a María Luisa la rechazaron en el casting de acceso al programa de televisión. Llegó con ilusión al plató y volvió sin ella.

Una muchacha entró en el despacho.

–¿Doña María Luisa? He venido para la cita que acordamos.

–¿Tú qué cantas, bonita?

–Copla, señora. Me encantan las coplas de mi tierra, y todavía más las que cantaba Eugenia. Cuando era pequeña la vi en un…

–No me importa lo que te ocurriese de pequeña. Verás, ya no se canta buena copla. Acéptalo. La buena era la de antes: Rocío Jurado, Marife de Triana… Y no nos olvidemos de Eugenia. Ella sí que era poderío. ¡Qué porte! ¡Qué mujer!... Ya no habrá más folclóricas de ese tamaño, lo siento.

Sus halagos eran pura fachada. Al igual que existe un perro del hortelano, que ni come ni deja comer, hay copleras que ni cantan ni dejan cantar.