XXII Edición

Curso 2025-2026

Juan Pablo Gutiérrez

El precio de la leche

Juan Pablo Gutiérrez, 15 años

Élite training

En las montañas de Boyacá, en Colombia, cuando comienza a despuntar el alba, los cantos de las aves acompañan con su concierto a los campesinos, que ya llevan un buen rato concentrados en sus labores.

Entre ellos estaba doña Rosa, que cada día –también domingos y festivos– se levantaba a las tres de la mañana, se preparaba un tinto1 y salía a ordeñar sus vacas. Le acompañaba su hijo Felipe, que le ayudaba a arriar2 el ganado.

Doña Rosa sostenía económicamente el hogar, ya que su esposo falleció cuando Felipe era apenas un bebé. Al ver cómo su hijo estaba convirtiéndose en un hombrecito, se animaba para seguir adelante en su lucha.

La actividad lechera en aquella región se organizaba entre las empresas de lácteos y los ganaderos, a los que un camión (ellos lo llamaban “El lechero”) les recogía la producción de sus vacas para transportarla a la fábrica.

A partir de las seis de la mañana, “El lechero” tocaba el claxon para que los campesinos salieran a la carretera con sus cántaros. Además, cada dos semanas les entregaba la quincena3, que los ganaderos esperaban con ansia para poder cubrir sus necesidades.

Un día, cuando el camión se acercaba a la casa de doña Rosa, esta envió a Felipe con la cántara de leche y la siguiente recomendación:

Mijo4 , hace días que nos están debiendo la quincena, así que cuando entregues la mercancía pregunta si trajo alguito de plata5 .

Después de vaciar el contenido de la cántara en el tanque de “El lechero”, cuando el niño volvió a la casa su madre le pregunto:

–¿Te dieron la plata?

–No.

El rostro de doña Rosa expresó angustia y tristeza.

–¿Tampoco hoy?... ¿Es que ese tipo cree que somos ricos y no tenemos necesidades? ¿Cómo haré para comprar en el mercado si no tenemos un solo peso? ¡Oh, Dios! Qué difícil es todo desde que tu taita6 murió.

Y quebrándosele la voz, comenzó a llorar desconsoladamente.

–Mamita, no te preocupes, todo saldrá bien –su hijo intentó tranquilizarla.

Y se fundieron en un abrazo.

Fueron corriendo los días y las noticias para los campesinos eran poco alentadoras: los fertilizantes subían de precio, mientras que por los productos que ellos cultivaban y vendían les daban muy poco dinero. Todo eran pérdidas, y no solo los cultivos; también el precio de la leche había bajado drásticamente.

En los corazones de todos los afectados se fue gestando un rechazo hacia el gobierno y las grandes compañías, pues los poderosos oprimían a los mas débiles sin compasión. Hombres, mujeres y niños no tenían pan en la mesa por la ambición de unos pocos. Las ayudas del gobierno eran pura fachada y la ira del pueblo podía estallar en cualquier momento.

Pasaron los meses y la situación empeoró. El gobierno había elegido como nuevo ministro de agricultura y desarrollo rural a un antiguo guerrillero, culpable de buena parte del daño que sufrían los campos. Los labriegos salieron inmediatamente a las vías que unían a las grandes ciudades en signo de protesta.

–¡Si esos berracos7 no nos pusieron atención a las buenas, nos tendrán que poner atención a las malas! –exclamaban.

Un par de días después llegó la escasez de alimentos a los colmados. Y así pasaron un par de semanas.

Comenzó el vandalismo, ya que no quedaba nada en ningún supermercado.El país estaba en un estado caótico y los mandatarios solo vieron una opción “viable”: apretaron con puño de hierro a todos aquellos que protestaban, hasta sumar masacre tras masacre. Las fuerzas publicas sofocaron sin escrúpulo cualquier conato de rebelión.

Felipe murió. Su madre, doña Rosa, también. Y todo el país lloró a sus héroes.

Café negro solo

Guiar el ganado

La paga

Hijo

Dinero

Padre

Persona difícil de tratar