XXII Edición
Curso 2025-2026
El peso del legado
Valeria Ferreira, 15 años
Colegio Stella Maris la Gavia (Madrid)
Jack estaba sentado en el salón de la cabaña. Habían transcurrido cuarenta años desde que se marchó de allí. Aquella vivienda le evocaba a sus cuatro hermanos mayores, a su madre, dedicada al cuidado del hogar, y a su padre, que trabajó en la única fábrica cercana que confeccionaba armamento y uniformes militares.
Deambulando por las habitaciones, llegó a la de sus padres. En el altillo del armario encontró una caja de metal. La tomó entre las manos y la abrió con delicadeza, como si fuese un tesoro. Su padre la utilizaba para guardar las cartas que recibía. Recordó con aprensión el tenso silencio que se apoderaba de la familia cada vez que llegaba el cartero. Por una regla no escrita, no podían hablar hasta que su padre saliera del cuarto en el que se encerraba a leer a solas el mensaje del remitente.
Uno de ellos fue el sargento Harry Birdwood, que por aquel entonces participaba en la batalla de Somme, en Francia. Se había sumado a las fuerzas del país aliado para proteger a Gran Bretaña.
A Jack no le resultó conocido aquel nombre. Con curiosidad abrió el primer sobre –estaba fechado el 23 de mayo de 1917– y comenzó a leer la borrosa caligrafía que cubría un fino y quebradizo papel:
“Mi querido Claude:
Eres la única persona en quien confío mis más profundos pensamientos mientras persiste esta tortura. Como ya te habrán informado, me encuentro en Somme como sargento mayor, un cargo fundamental para la seguridad de las tropas. Mi deber consiste en liderar a los soldados y gestionar los recursos materiales del batallón.
Acabamos de llegar del frente para disfrutar de unos días de descanso. Sin embargo, no alcanzo a distraer mi cabeza de lo que sucede en la línea de fuego, en donde, por si fuera poco, nos vemos obligados a convivir con ratas, chinches y piojos, que convierten el día a día en una lucha sin cuartel contra las enfermedades, como si las balas y los obuses no fueran suficientes, o como si el paisaje de cadáveres en descomposición no colmase nuestra repugnancia.
En los últimos meses, el frío es tan helador, que más de la mitad del grupo con el que inicié este conflicto sufre del “pie de trinchera”, una enfermedad producida por la exposición prolongada a la humedad y las bajas temperaturas. Ha dejado en mi mente imágenes espantosas.
Nuestro siguiente objetivo es conquistar la colina 104. Estoy convencido de que perderemos a más hombres, no por las infinitas balas que vuelan a todas horas, sino por el barro. Las botas que se producen en tu lugar de trabajo, Claude, son insuficientes contra la fuerza de las lluvias. Dile a quien esté al cargo, que nos envíe calzado más duradero y firme para el combate. A pesar de las medallas, nuestros cuerpos continúan siendo mortales y débiles ante los ojos de Dios.
Te pido eso sí, que en mi nombre observes un árbol de hojas verdes. Ese color ha desaparecido de mi memoria, un precio más que debo pagar en este infierno.
Con toda mi amistad,
Harry Birdwood, Sargento Mayor.”
Jack entendió de pronto muchas situaciones de su infancia, actitudes que en su momento formaron una imagen errónea sobre la personalidad de su padre, que no solo había luchado por el bienestar de su familia, sino que se entregó a sus responsabilidades en la fábrica aunque, a cambio, tuviera que renunciar a muchas de las horas que correspondían a su hogar. Dotar del mejor equipamiento a las tropas fue un peso invisible a los ojos de sus hijos, que nunca supieron el sacrificio que le supuso.
Muchos de los éxitos que Jack había logrado en su vida, fueron producto de la misma perseverancia y esfuerzo que empleó su padre para cuidar de la gente que más quería. Le había enseñado, sin necesidad de palabras, que el trabajo hecho con honestidad y constancia era la manera más efectiva de velar por las personas.
Guardó la carta con cuidado en la caja de metal y volvió a dejarla donde la encontró. Miró por la ventana frente a él y observó un árbol de hojas verdes y brillantes. Ahora sabía que su tenacidad era un legado de su padre, una virtud forjada en la fábrica donde trabajó duramente para regalarles un mundo a todo color.
