XXII Edición

Curso 2025-2026

Yasmina Domínguez

El orden y la rutina

Yasmina Domínguez, 17 años

Colegio Altozano (Alicante)

El orden -según se cree- conlleva perfección, fuerza de voluntad, además de rutina. Sin embargo, siempre he rechazado la rutina. Nunca he podido llegar a comprender en qué momento el ser humano decidió que dos días fueran iguales. ¡Pero si nunca son iguales! En cada uno de ellos hay historias, risas y palabras diferentes. Cada día que pasa es una oportunidad, no una repetición. Los días soleados se viven con ilusión y facilidad, mientras que en los días grises parece que todo me cuesta más, incluso hacerme la cama, una costumbre cuya importancia me han inculcado desde pequeña.

Pero la perfección no pertenece a este mundo. Si lo creemos, viviríamos en una mentira. No podemos calificar algo mundano con un atributo celestial. Sin embargo, podemos tratar de acercarnos a ella cuando idealizamos y amamos lo que hacemos. Cuando empleamos el cuerpo y el alma -sobre todo el alma-, nos acercamos a esa perfección deseada.

Cada año nuevo, miles de personas nos comprometemos a cumplir diferentes propósitos durante los siguientes doce meses, pero a la mayoría nos falta fuerza de voluntad. Si durante enero los gimnasios registran un aumento de nuevos miembros (con incrementos, aquí en España, entre el 12% y el 15%), la mayoría de ellos renuncian antes de que acabe el mes. Mi padre dice: «No es difícil ordenar; lo difícil es mantener todo ordenado», lo que se puede aplicar tanto al orden de las cosas materiales como al compromiso con el gimnasio: lo difícil no es pagar la cuota de enero, con toda la ilusión del mundo por comenzar, sino continuar en el mes junio.

No se pueden tratar dos días como iguales. De ser así, estaríamos desperdiciando nuestra vida. Cada día es único: un diferente amanecer, un distinto atardecer y una única noche. No podemos suponer que mañana será otro día; tenemos que agradecer el minuto a minuto de hoy, esta juventud momentánea y esta vida limitada. Como repite el dicho popular: “La vida son dos días y uno llueve”. La clave es cómo afrontamos la lluvia y cómo disfrutamos del sol.

Es evidente que el orden y la belleza están relacionados, como se puede comprobar en el trazado de ciudades como Viena o en las obras del Renacimiento italiano, pero también hay belleza en el desorden, como reflejan Nápoles, Venecia y las obras plásticas de Banksy.

Es un error vivir sin disfrutar del momento, ser extremadamente perfeccionista y albergar falsas expectativas, porque así se pierde algo que vale más que el oro: el tiempo. Por eso es necesario, como sugirió Aristóteles, tratar de situarse en el punto medio, es decir, encontrar la conjunción entre el orden y vivir con verdad y felicidad.