XXII Edición
Curso 2025 - 2026
El efecto del terrorismo
Paula Leo Broseta, 17 años
Colegio IALE (Valencia)
Un paseo cotidiano: de su casa, donde vivía con sus hijos, a la facultad, donde daba clase. Unos minutos antes de entrar en el aula respiraba el aire de la ciudad de Valencia, saludaba a compañeros y alumnos por las calles y escuchaba el crujido de las hojas bajo sus pies. Recorría un camino de pocos metros que simbolizaba un respiro para él y que, sin embargo, representó su fin.
El terrorismo en España vivió sus peores momentos en la década de los ochenta y los noventa. Provocó el terror entre los ciudadanos, que se sobrecogían ante cada atentado mortal, ante el sonido de los bombazos y la noticia de un nuevo secuestro. ETA, la banda criminal de separatistas vascos, asesinó cerca de mil personas, y entre ellas estaba mi abuelo, Manuel Broseta Pons.
En aquel terrible momento mi padre tenía 26 años. Es decir, yo todavía no había nacido. Por tanto, no puedo imaginarme el sufrimiento que me hubiera causado recibir la llamada telefónica con la noticia de que mi abuelo había sido asesinado, ni contar los recuerdos que tengo de él, con nostalgia y aprecio. Pero de vez en cuando sufro al crear mis propios “recuerdos”, que son fruto de la pérdida de un abuelo que nunca llegué a conocer.
Aunque no lo viví como lo lloró mi padre, yo también soy víctima del terrorismo. Soy una víctima con menor importancia, pero que se alimenta de los testimonios ajenos sobre la grandeza de mi abuelo, sobre su humildad y el impacto de sus palabras. Soy una víctima porque vivo sin sus consejos, sin los aprendizajes que habría recibido y sin los almuerzos del domingo a su lado. Los terroristas me arrebataron a mi abuelo, su amor y palabras.
Han pasado ya treinta y cuatro años desde su fallecimiento, y diecisiete desde el último atentado etarra. Pero vivimos tiempos inestables, en los que es preciso que no caiga en el olvido la impactante violencia que sufrió nuestra sociedad. Como dijo George Santayana: «Los que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo».
