XXII Edición

Curso 2025-2026

Alonso Guevara

De camino a la tienda

Alonso Guevara, 16 años

Colegio Santa Margarita (Lima, Perú)

Todos los jueves utilizo el autobús metropolitano para ir hacia Miraflores, donde tengo que comprar la comida para la semana en una tienda pequeña, a pedido de mis papás. La estación me queda cerca, a tres cuadras más o menos. Mientras camino hacia ella veo todo tipo de gente: algunos vuelven a casa después del trabajo, otros hacen ejercicio, conversan o caminan sin apuro.

Ese recorrido lo hago desde hace cuatro años. Es un viaje largo para comprar abarrotes tan simples como pan, mermelada, manjar blanco, arroz, etc. ¿Quién iba a decirme que el trayecto se ha vuelto más importante que el encargo mismo? Hay algo extraño en repetir el camino tantas veces y, aún así, encontrar detalles nuevos cada jueves.

Empiezo la ruta a las cinco de la tarde, y llego cuando el sol está en su máximo esplendor. En el trayecto Lima va cambiando de color. En el bus parece haber un acuerdo extraño: un silencio que inunda el vagón, que solo se ve interrumpido por el rugido del motor del vehículo. Algunos pasajeros duermen, otros miran su celular. Casi nadie levanta la vista para ver el brillante atardecer.

Al bajar de la estación, me percato de que los viandantes caminan de un lado a otro sin darse el lujo de alzar los ojos, de observar un segundo la explosión de colores que se funden en el cielo. Sigo mi camino a la tiendita por las calles que llevan a la costa. El sol que desciende lo torna todo en un naranja rojizo, como si fuera una escena del fin del mundo que logra invadir todo el campo de visión. Aun así, nadie parece prestarle atención.

A veces nos “desconectamos” y dejamos de percibir las pequeñas cosas de la vida que, en realidad, son maravillosas. La puesta del sol me recuerda que hay realidades aparentemente intrascendentes que, sin embargo, no deberían pasarnos desapercibidas.