XXII Edición

Curso 2025-2026

Vasco Vargas

Cronología de una renuncia

Vasco Vargas, 17 años

Colegio Santa Margarita (Lima, Perú)

No suelo tomar la primera combi que pasa por la parada. A veces la dejo ir, aunque esté medio vacía y el cobrador me haga señas desde la puerta para que me suba. Me quedo parado, quieto, mirando cómo se aleja entre el tráfico, al tiempo que otra emerge por detrás de mí igual de apurada, igual de ruidosa.

Esas combis pueden cambiar de color, de ruta, de música, pero todas avanzan con la misma urgencia, como si el mundo fuera un altar despiadado que solo enciende velas para el primero que llega. El pasajero sube, paga, se acomoda en su asiento y deja que su mirada se pierda por la ventanilla, atrapado en el eco de la memoria. Es un viaje corto, sin alma.

Hay veces en las que decido esperar, no por una razón importante sino por una intuición que me dice que la furgoneta que aparece por la carretera no es la indicada, aunque conduzca hacia mi destino. Así viajo también por la vida: pasó de largo ante muchas personas y muchos momentos; dejo ir oportunidades pequeñas al quedarme inmóvil, como si esas humildes derrotas no me fueran a doler.

Las combis siguen pasando, siempre, porque la actividad frenética de la ciudad nunca se detiene. Van y vienen entre bocinazos. Si no aprovecho el momento, asumo que este no se repetirá. Tal vez lo importante no sea el propio momento, sino lo que fui entonces. No se trata de aceptar todo lo que pase por delante de mí, ni de vivir con prisa, sino de comprender que hay decisiones pequeñas, casi invisibles, que terminan por moldear la persona que somos.

Mientras espero en la parada pienso en todas las combis que he dejado pasar, en todo lo que –sin darme cuenta– se ha ido con ellas.