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Hace unos días, la Universidad de Navarra fue testigo de un fin de semana muy literario, al que acudimos jóvenes que compartimos el gusto por la literatura, ese término que a muchos les resulta aburrido e incluso extraño, pero que a nosotros nos divierte y estimula. Mucho estímulo a escribir y a leer fue lo que encontramos en Pamplona, gracias a la labor de los ponentes a lo largo de aquellos días.
Entendimos que un relato corto no es sólo rellenar un par de hojas en blanco, que con la poesía se puede uno divertir, que los artículos de opinión esconden cientos de mensaje subliminales entre sus líneas, que no es oro todo lo que reluce en los personajes del corazón, que editar un libro lleva su proceso, que una obra de teatro del siglo XX te puede arrancar más de una carcajada, y un sin fin de cosas que sería incapaz de enumerar. Cada uno de los conferenciantes nos ha llenado de ilusión para seguir haciendo lo que más nos gusta: leer y escribir. Nos han prestado su tiempo, sus pautas y su sabiduría.
Alguien dijo alguna vez: “Prefiero pensar bien aunque me equivoque”. No sé si pienso bien o mal, lo que sí sé es que acudir a estas Jornadas es todo menos equivocarse.
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