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Comencé leyendo la cubierta de aquel libro. Me atrapó el modo peculiar del autor al relatar, brevemente, un resumen del contenido de su novela. Leí la primera página y el estilo, tan personal, de la obra me absorbió por completo. Cada capítulo descubría a varios personajes con divertidas anécdotas que te invitaban a vivir la historia en primera persona, a conocer sus personalidades hasta visualizarlos en la mente, a conocer los secretos de una ciudad sin necesidad viajar, a ver el cielo desde otra perspectiva, sin necesidad de levantar la vista de las páginas.
Estuve en un mundo alternativo durante horas, hasta que llegué a la última página sin dar crédito: había vivido, en tan solo unas horas, una vida distinta, llena de acontecimientos, que no era la mía.
Cada página de aquella historia me invitó a liberar mi creatividad, a soñar con la esperanza de ser algún día la escritora de otra novela o su personaje principal, a despertar en otros lectores la sensación de vivir experiencias bien distintas, a que puedan compartir la magia de dejarse llevar por el capricho de las letras.
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