Esta juventud..., esta ancianidad
Josune Lashayas, 17 años

Colegio Vizcaya, Zamudio (Vicaya)

    El otro día volvía a casa en el metro. Eran las dos del medio día de un sábado. Todos los asientos venían llenos y había gente de pie, con ansia por sentarse y mirar desde abajo a los que tienen que sufrir el martirio de ir apoyados contra la pared o apretados entre la multitud. Yo era una de éstas; en frente de la puerta esperaba a que llegara mi parada. De repente entró un chica embarazada; llevaba varias bolsas, un gran abrigo y un paraguas que desprendía chorros de agua. Detrás de ella apareció una señora entrada en años, con su maravilloso abrigo de visón y muy arreglada. Se abrió paso empujándola para sentarse en el sitio que la embarazada tenía la intención de hacer su viaje. Pues bien, nada se interpuso en su camino: con empujones y codazos, la mujer logró su trofeo, un asiento en el que realizar cómodamente todo el trayecto. Varias personas le miramos verdaderamente asombradas, y la señora con toda su desfachatez observó a la chica y volvió a mirar al frente con expresión de: “¿Por qué me mira todo el mundo, si yo tengo más derecho que ella?” Después de todo esto, la embarazada no se pudo sentar porque los únicos que le ofrecieron su plaza fueron un señor muy mayor -de los que de verdad sí necesitan sentarse- y un chico de unos veinte años con muletas y escayola. Sí, un “joven de esos de ahora, mal educados”.

    Nuestros padres nos enseñan el “respeto a los mayores”, ese “sé educado, hijo mío”, “admírales por todo lo que han vivido”... ¡Y lo hago! Respeto a los mayores, me asombro por todos los conocimientos que han adquirido durante su vida y les trato con muchísimo respeto. Pero, ¿A esos mayores nadie les ha enseñado que el resto de la humanidad somos personas con tantos derechos como ellos?

    A mí me han enseñado que tengo que ceder los sitios a las personas mayores que tienen problemas de movilidad, a las embarazadas, a los padres o madres para que se sienten con sus niños pequeños y vayan tranquilos... Incluso me han dicho que tengo que ser educada con gente que no lo es con los demás -entre ellos, esas personas que con la llegada de los años, comienzan la marcha atrás de su educación- porque todo el mundo se merece mi respeto. Pero viendo como mucha gente me trata por el mero hecho de ser joven o al conocer las ideas preconcebidas que tienen sobre mí, me plateo si merece la pena tener educación con ellos. Hay mucha gente que, con la edad, pierde el respeto por todos los que son más jóvenes, sintiéndose “reyes del mundo”. Con el paso de tiempo, la expresión “esta juventud...” va a tener que ser relevada por “esta ancianidad...”.

    Respeta a tus mayores. Demuestra que has adquirido esa educación y respeto que muchos de ellos han perdido; demuestra también que, aunque somos jóvenes, admiramos a aquellos que nos han dado la vida y los conocimientos. Demuestra que verdaderamente somos mucho más educados y respetuosos que esa gente que nos tacha de “juventud” –despectivamente-, basándose en prejuicios y falsas apariencias. La juventud, la educación y el respeto, no van reñidas; de hecho, en la mayoría de los casos, van dadas de la mano.


 
     
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