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Hace tiempo que me fijo en el respeto entre las personas. Me parece fundamental para fomentar la convivencia. Muchas veces vamos por la calle y cualquier persona que sea algo “diferente” nos llama la atención. Personas enfermas, con algún defecto físico, que visten de una manera distinta a nosotros o que simplemente no piensan lo mismo nos resultan extrañas. Puede que sean diferentes físicamente, pero se merecen un respeto. Ponemos etiquetas a los que no se nos parecen, “la pija”, “el gordo”, “la empollona”... Deberíamos pararnos a pensar que mucha gente puede llegar a decir lo mismo de nosotros, y eso no nos gustaría. Comentarios y calificativos de ese tipo pueden herir mucho a una persona. Hace poco viaje a Washington, una ciudad bastante cosmopolita, en la que me di cuenta del gran respeto que hay entre la gente. Cada uno viste a su manera sin que los demás se fijen en él por no ser como el resto. Creo que eso está muy bien, ya que cada persona tiene mas posibilidades de ser coherente con su manera de pensar y no acomplejarse por el “que dirán”. Podemos aprender mucho de las personas diferentes a nosotros. Si todos fuésemos iguales el mundo seria un lugar monótono y aburrido. Algo que también me hizo darme cuenta del respeto de los habitantes de la capital americana es que, a pesar de no ser un lugar con mucha población católica, durante una semana entera las banderas estuvieron izadas a media asta en todos los lugares en honor al Papa Juan Pablo II. Todos deberíamos aprender de estas muestras de respeto hacia el prójimo y valorar a todo el mundo por su misma dignidad.
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